miércoles, 17 de marzo de 2010

Alma, conciencia y nihilismo: apuntes de clases sobre Giegerich


Estos son algunos apuntes de un curso dado en 2008 sobre "Psicología Analítica y Dialéctica: La vida lógica del alma", transcriptos por Ale Bica:

“Tenemos nuestro sitio en nuestra propia historia. Somos productos de nuestra tradición, un hecho que pone necesariamente límites a nuestros puntos de vista. Primero necesitamos volvernos conscientes, darnos cuenta de nuestra historia y de nuestro lugar en ella para no transportar inadvertidamente presuposiciones inconscientes, o incluso conscientes, al estudio de otras culturas o de otros tiempos. Tenemos que tener en cuenta nuestro propio punto de vista y el modo en que ha sido históricamente condicionado si no queremos que nuestros emprendimientos vayan ciegamente en círculos y si no queremos descubrir en los fenómenos antiguos lo que nosotros mismos traemos con nosotros y ya proyectamos en ellos.”

[Siempre se está mirando a través de una perspectiva cultural.]

“Para una psicología con alma los acontecimientos psíquicos tienen en ellos mismos, y muy aparte de la cuestión del sujeto humano que los perciba, la propiedad de la consciencia. Tienen esta cualidad incluso como ocurrencias llamadas instintivas o inconscientes. La consciencia es el carácter interno inherentemente lógico de los acontecimientos que llamamos psíquicos, y no una determinación adicional, contingente, el hecho de que esos acontecimientos además de haber ocurrido también sucede que hay un sujeto que es consciente de ellos. Un sueño, un esquema de conducta histérico, compulsivo u obsesivo, un síntoma psicosomático, tienen la propiedad de la consciencia a pesar del hecho de que el soñante no hizo conscientemente el sueño sino que le ocurrió, o no sea querido por él, o que acaso no le vea el menor significado. En un sentido remoto podríamos conectar esta visión mía con la idea del Jung tardío acerca del contenido del estado casi consciente de los contenidos inconscientes, lo que llamó, las chispas en la luminosidad interior de todos los fenómenos psíquicos. Otra manera de expresarlo es considerar los acontecimientos psíquicos como acontecimientos de significado, que querría decir que son en sí mismos acontecimientos reflexivos. Son como las frases humanas, las poesías, las obras de arte, en tanto son expresiones del alma hablando a sí misma sobre sí misma. Los fenómenos psíquicos no son hechos positivos, empíricos, externos, como por ejemplo los rastros de sangre en la orina. Como hechos de la naturaleza los hechos positivos no hablan, simplemente señalan o muestran algo más allá de sí mismos. [Un poema no apunta a nada, habla. Si tu no ves lo que el poema dice no conoces el poema, puedes mirar las letras, pero las letras no son el poema.] Apuntan a una causa, o a una condición, o por ejemplo en el caso de la sangre en la orina apunta a un problema de salud. Los fenómenos psicológicos no demuestran nada y no apuntan a ninguna otra cosa. Todo lo que hacen es expresarse a sí mismos, expresar su significado, el significado que son. Son concepciones, son ideas, son interpretaciones, es la interpretación que el alma hace de sí misma, y sólo en tanto que interpretaciones son hechos, es decir, el hecho de que esta interpretación o esta idea ha ocurrido. Para ponerlo en palabras de Jung, “estamos tratando con el hecho de que la psique hace afirmaciones”. Una ciencia descriptiva dirá: es la naturaleza de la psique hacer tales afirmaciones, no importa cual sea su contenido, no importa si lo que afirma lo afirma como verdad o no. Una aserción muy osada, porque las frases del alma, las afirmaciones del alma, los enunciados del alma, no tienen referente externo, no son acerca de alguna realidad, sino que son autoreferentes, uroboricos; su única realidad, su propia verdad es, en tanto que verdades de ficción, verdades de cuentos de hadas. Por ponerlo de otra manera, en tanto interpretaciones son aquello mismo que es interpretado.”

“Hasta el punto en que la consciencia o el carácter de significado de los fenómenos psicológicos es el presupuesto metodológico que hace posible una psicología, la situación en psicología es muy similar a la de la ciencia natural, en la cual, por ejemplo, yo no puedo preguntar si un acontecimiento de la naturaleza sigue una ley o no, porque tiene que seguir una ley de la naturaleza puesto que esta es la presuposición metodológica fundamental de la ciencia de la naturaleza. [Si aceptamos como presupuesto de una psicología con alma que todo lo psicológico es reflejado y que en sí es significado, no tiene sentido preguntarse si un fenómeno psicológico tiene significado, porque el presupuesto de toda psicología es que el fenómeno psicológico es en sí mismo significado.] En ambos casos la única cuestión es qué ley de la naturaleza -en el caso de la ciencia- y qué significado -en el caso de la psicología. Esto me libera, no tengo que ser una autoridad y pretender afirmar o negar dogmáticamente que hay un significado para cada razón metafísica o ideológica, mi disciplina como psicólogo me ha liberado de esta decisión. De modo que cuando, como psicólogo, entro en escena ya es cierto que hay un significado.”

“Un fenómeno no se ve como un fenómeno del alma a menos que uno entre sin reservas en él y trate de comprenderlo íntegramente desde adentro.”

[Desde adentro quiere decir, sin ningún tipo de referencia ajena, externa, sino desde el fenómeno mismo como alma. Si yo intento explicar cualquier síntoma, cualquier manifestación psicológica refiriéndolo a algo no psicológico, entonces no estoy haciendo psicología. Un físico como físico no puede decir que la lampara se mueve porque es la voluntad de Dios. El lenguaje de la física pide que se hable sólo de leyes físicas, el lenguaje de la psicología pide que no se caiga en la presión familiar, la técnica educativa, la clase económica, la raza, el sexo, que son todos factores extra-psicológicos. El fenómeno psicológico tiene todo lo que necesita dentro suyo. El tema es entrar en ello.]

“Hay que distinguir entre dos sentidos diferentes de la palabra significado. En primer lugar está el sentido de significado de acuerdo al cual se refiere a cierto carácter esencial, lógico, o incluso ontológico del fenómeno mismo. Por ejemplo, si se dice que los sacrificios de las culturas antiguas tenían significado, en este sentido se lo está declarando como algo más que meros hechos positivos, algo más que meros acontecimientos. ¿Algo que puede demostrarse que de hecho ocurrió del mismo modo en que ocurren los acontecimientos en el mundo natural? No. Si se dice que son significativos, se quiere decir que en sí mismos llevan significado, y como tales son fenómenos del alma. Son como una rosa o una hermosa joya si se las percibe con alma. Su valor está en lo que ellos son, en lo que muestran que son, en su auto-exhibición. Tal como los sonidos del lenguaje tienen su aspecto empírico, fáctico, pero no están limitados a ser nada más que acontecimientos físicos, meras secuencias de sonido, sino que además y ante todo son acontecimientos de significado, de la misma manera los fenómenos del alma también son acontecimientos de significado. Los fenómenos del alma se abren a la dimensión del significado, en contra y por encima de la mera dimensión de la existencia fáctica. Pero el significado no es un añadido al hecho. El significado viene primero. Los sonidos del lenguaje son creados en la estructura significativa del lenguaje, no son sonidos naturales a los que a parte se les pega un significado. El segundo sentido de significado podríamos ilustrarlo con la formulación de uno de los tratados de Nietzsche llamado Consideraciones Intempestivas, acerca de las ventajas y desventajas de la historia para la vida. Esto está dicho desde el punto de vista de la reflexión externa. La historia como campo de estudio y como forma de consciencia es vista como una entidad factual que está ahí en frente, o como un fenómeno en su propio derecho que tiene fuera de sí a la vida. Y así es como surge la cuestión de si la historia es buena o mala para la vida. Finalmente este es un punto de vista
ego-psicológico, en tanto que la preocupación que se expresa en esta cuestión es acerca de nosotros. El significado es concebido como la relación entre dos cosas, mientras que en el primer caso solamente se relacionaba con una y por lo que esa cosa vale por sí misma.”

“Si los fenómenos psíquicos, por ejemplo los sueños, son ellos mismos interpretaciones, produciendo ellos mismos lo que son y sólo produciéndolo en ese mismo acto de interpretarse, nos damos cuenta de que aquí estamos tratando con un sentido de interpretación completamente distinto del empleado por Freud en su obra fundamental llamada “La Interpretación de los Sueños”. Este último tipo de interpretación es la interpretación que el psicólogo hace de un texto o de un sueño ya existente. Es el resultado de un esfuerzo humano. La belleza de la rosa no es el resultado de un esfuerzo humano. Aquí tenemos una dualidad. Primero el sueño, el texto, y luego la interpretación. La interpretación sería una opinión acerca del texto, una opinión acerca del sueño, pero lo que he dicho acerca de los fenómenos psíquicos, en tanto fenómenos psicológicos, quiere decir que esta dualidad no existe para ellos. Los fenómenos psicológicos son a la vez texto e interpretación. Pero ambos, a la vez, de un modo tan extraño que la interpretación precede lógicamente al texto, en tanto que el texto sólo existe dentro de, y en virtud de, la interpretación que el sueño en sí es. [El significado de lo que digo está primero que el sonido de lo que digo. Ocurren a la vez, sí, pero el sonido sólo enviste al significado. El significado de lo que digo no es lo que se obtiene de analizar lo que digo, sino que es lo que origina lo que digo. Lo que digo existe primeramente como fenómeno del alma y como un significado que se enviste en palabras.] La actividad de interpretar sueños u otros fenómenos psíquicos, como el tema del sacrificio, solo pueden significar el intento de descubrir la interpretación que como tal el sueño o el sacrificio son. Por ello, Jung acentuó repetidamente que el sueño es su propia interpretación. Si bien esto podría entenderse como queriendo decir que el sueño dentro de sí proporciona su propia interpretación yo lo he transformado en una frase ontológica que dice: el sueño es su propia interpretación y nada más.

En el caso de la segunda noción de sentido de significado, por ejemplo el uso o desventaja de tal cosa, la palabra significado todavía se retiene pero está corrompida. Ya no significa significado en sentido estricto. Significa algo distinto: utilidad. Dicho de otra forma, hay una correspondencia entre significado y significador. Pero el hecho de que automáticamente pensemos la palabra significado en términos de utilidad muestra que el primer sentido de la palabra ya se ha perdido. La gran cuestión del significado que hoy mueve a tanta gente, por ejemplo la cuestión acerca del
significado de la vida, muestra esto con enorme claridad, porque lo que esta cuestión busca es si hay una utilidad superior para la vida, algún plan maestro, un objetivo final, algo que alcanzar en la vida. Esta pregunta ya ha desechado a priori aquello que ostensiblemente parece señalar. La pregunta por el significado de la vida ya ha descartado como sin valor el primer sentido de significado, que es que la cosa vale en sí misma. Con mucha gracia Lichtenberg dijo una vez: “Se dice ‘alma’ como se dice “talero” [o duros], aunque hace mucho que se dejaron de acuñar”. De manera similar hoy podríamos decir que uno todavía dice significado, aunque el significado del significado hace tiempo que se perdió, más que perdido. Nada es más repugnante hoy, ni más temido por nuestro tiempo, que el significado. El movimiento que nos empuja con un inmenso poder hacia la información y la era de la comunicación, qué es sino, la abolición sistemáticamente forzada de todo significado. Información es el contenido abstracto desprovisto de cualquier significado que comprometa, un contenido que por esta razón se vuelve libremente utilizable en cualquier contexto. Información siempre es rechazo a un conocimiento real, y lo que llamamos hoy comunicación no es sino el reciclar continuamente este rechazo.

Uno podría objetar de que aquí, en nuestro tiempo, hay un deseo tremendo de significado y que es precisamente el sufrimiento de innumerables gentes por la erosión y la falta de significado lo que habla en nombre del hecho de que la noción de significado todavía está viva. Pero esto es sólo una ilusión. Quién todavía hoy añore un significado, no sabe lo que está diciendo. El hecho mismo de que haya un deseo de significado, muestra que hoy uno está interesado por algo totalmente distinto de lo que el significado propiamente entendido significaría. La necesidad o el deseo del significado tiene su correlato en las provisiones de significado que se ofrecen hoy en el mercado por distintos proveedores: las iglesias, las sectas, todo tipo de escuelas psicológicas y todo tipo de gurus individuales. Por lo tanto, lo que se quiere decir con significado es que es un bien de consumo, especialmente un bien de consumo comparable a un tranquilizante o una droga cuyo propósito y función es hacer más soportable emocionalmente para nosotros el proseguir nuestro duro viaje en la era absolutamente carente de significado de la información y de la comunicación. El deseo y la búsqueda de significado sólo pueden aparecer dentro del nihilismo, y no es de ninguna manera una oposición al nihilismo, aunque se crea que lo es, sino que es uno de los modos en que el nihilismo continúa realizándose y ganando terreno. Si se trata de un verdadero significado, no puede haber deseo de él. El verdadero significado no se puede buscar y no se puede ofrecer en un mercado de significados, obviamente, por la siempre razón de que es -si lo es- la realidad a partir de la cual el hombre vive en su época, es el lugar histórico en el que ocurre que estamos viviendo y es por lo tanto algo verdaderamente significativo, sólo en la medida en que es real. Y si es real no hay que buscarlo. El significado real, por lo tanto, no es de ningún modo algo bonito e inofensivo, algo agradable o algo confortable, es siempre algo tremendo, algo terrible, semejante a la terrible realidad de la cual la Biblia dice en Hebreos [p10:19], “Es una cosa aterradora caer en los brazos del dios viviente”. La enormidad del significado real puede volverse un poco más plausible para nosotros cuando tenemos en mente que el significado real, existente, de nuestra existencia moderna, es el viaje perseguido sistemáticamente y con gran fervor hacia la falta total de significado, o sino, el avance y el trabajo paso a paso sistemático hacia la erosión del significado hasta que quede en nada.”